Dígale, agente, cuanto me arrepiento.

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Imagen de Brett Jordan en Unsplash

Dígale, agente, que la quise mucho.

Como no hacerlo, era mi tía favorita. Las mañanas de domingo venía a casa, temprano, y esperaba paciente que me acabara el Cola Cao. Reía con mis historias del colegio y, más tarde, cuando mi madre había conseguido meterme a presión en la ropa de los domingos, salíamos a pasear y me regalaba el ansiado tebeo de cada semana.

Por eso no entendí que, con los años, mi hermana se convirtiera en su sobrina preferida. Me ignoró, agente, me ignoró.

Por eso se sorprendió tanto ayer, agente, cuando me descubrió en su dormitorio, hurgando entre sus joyas.

No tuve más remedio que golpearla, para hacerla callar. Dígale, agente, cuanto me arrepiento. Dígale que los domingos de paseo y tebeo, fueron lo mejor de mi infancia.

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