El tornillo desafiante

Me sobra un tornillo. Sí, has leído bien, me sobra.

La frase a la que estás acostumbrado es “me falta un tornillo”, como sinónimo de que tu estabilidad mental no es muy equilibrada, algo no ajusta bien en tu cabeza. Déjame aclarar, querido lector, que no te estoy insultando, es simplemente una frase hecha.

Pero a mí me sobra un tornillo y no sé qué hacer con él, porque ya es la segunda vez.

El primero apareció junto a la cristalera de la terraza. Después de mucho buscar encontré el hueco donde encajaba: la mesita auxiliar del recibidor, un misterio cómo llegó a la otra punta de la casa. Frustré su huida y lo coloqué de nuevo en la mesa de la entrada.

No había pasado ni una hora desde que todos los tornillos ocupaban su lugar, cuando otro, éste minúsculo y con un ligero todo azulado, apareció desafiante en el suelo del salón. Me adelanto a vuestra pregunta: no, no tengo ningún mueble o estantería de color azul y el tornillo no presentaba signos de estar ahogándose.

Así que vuelvo a tener un tornillo viudo en la mesa del televisor. No me esmero demasiado en buscar el hueco al que pertenece, ya que temo que cuando lo coloque en su lugar, otro tornillo hará su aparición.

Mientras, intento encontrar el significado a esta profusión de tornillos fugados que se manifiestan en el suelo del salón. Temo una revuelta.

A algo le falta un tornillo en esta casa, y no soy yo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *