Nuestro perfecto bebé

bebeLa hemos adoptado como una hija más. Al fin y al cabo, nos ha dado tantas satisfacciones —y menos problemas, que es lo importante— como cualquiera de nuestros otros hijos.

Es preciosa, con sus mofletitos deliciosamente pellizcables, y su gorjeo adorable cuando le aprietas la barriguita.

No hay que preocuparse por pañales y comida, si nada entra, nada sale.

Tampoco llora, las migrañas de Sonia lo agradecen mucho, los vecinos más. Tiene una sonrisa perenne que nada disturba y, cuando es hora de dormir, basta con bajar esas pestañas infinitas.

Mañana volveré al Registro Civil, se niegan a inscribir a nuestro perfecto bebé reborn.

 

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