No es cierto que tengan siete vidas.

Al menos mi gato tiene muchísimas más, empiezo a pensar que son infinitas. Las cinco primeras las gastó haciendo equilibrios, evidentemente fallidos, sobre la barandilla del balcón para llegar a su rincón favorito, tuve que quitar las macetas para no entorpecerle el paso. Tres se las cobró el enchufe roto …

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