Una pregunta habitual en las entrevistas es si leo algo distinto a la novela de misterio o suspense. La respuesta es sí. Me gusta intercalar otros géneros entre asesinato y asesinato, y esta vez ha sido Los incomprendidos, de Pedro Simón, una novela que ha recibido muy buenas críticas.
La historia se centra en una familia rota que intenta recomponerse tras una tragedia. A partir de ahí, el relato avanza por territorios incómodos: la adolescencia, la culpa, la incomunicación entre padres e hijos y ese silencio que se instala cuando nadie quiere hablar de lo que pasa como una forma de negación, de evitar encararse con aquello que te ha destrozado la vida.
La historia se construye desde una vida cotidiana facilmente reconocible e identificable para el lector, supongo que de ahi viene lo fácil que es conectar con ella, y acaba descendiendo a lugares más oscuros. No es una novela cómoda de leer, pero la forma de narrar de Pedro Simón hace que no puedas dejar de hacerlo.
PEDRO SIMÓN
Pedro Simón es periodista y escritor, reconocido por sus reportajes de corte social, en los que destaca por la precisión en el retrato de las personas y sus historias. Su trayectoria literaria incluye una trilogía centrada en la familia: comenzó con Los ingratos (Premio Primavera de Novela, 2021), continuó con Los incomprendidos (2022) y concluye con Los siguientes (2024). En estas novelas, Simón se centra en la complejidad de las relaciones familiares, especialmente en la interacción entre padres e hijos adolescentes.
CITAS LOS INCOMPRENDIDOS
Os dejo con algunos de mis pasajes favoritos:
«Somos esa generación que en su infancia dejaba el mejor sitio de la mesa para el padre y que ahora se lo deja al hijo. Eso somos», dice Javier, el padre.
«La adolescencia puede ser un infierno. Basta con el cielo de los otros. Es suficiente con que te los imagines más felices y más guapos que tú y sin el nudo que sientes dentro», dice Inés, la hija.
Sabes que algo no va bien cuando cualquier día es parecido a un domingo por la tarde.
Porque vivir es convivir con tus demonios, aceptarlos de algun modo, saber que están ahi, pero que no tienen ni media hostia, darles un espacio en la mesa para luego no pasarles ni la sal, al enemigo ni agua.
La culpa es algo viscoso. Como el chapapote que inundó Galicia. Como la pez. Te puedes duchar una hora y restregarte. Que siempre la sientes en alguna parte de tu cuerpo.
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