SEPTIEMBRE

Septiembre Me gustan los inicios.

Los rituales.

Las nuevas oportunidades.

Septiembre tiene algo de todo eso. Septiembre tiene mucho de todo eso.

Es un regalo que nos permite hacer borrón y cuenta nueva. Llega con la ilusión que todo inicio trae y nos hace pensar en lo que queremos para este nuevo año, porque, como bien sabemos, los años no solo comienzan el uno de enero, también lo hacen el uno de septiembre.

Es la posibilidad de estrenar agenda para el flamante curso escolar, de recuperar nuestro guardarropa, abandonado en favor de los shorts y los vestidos veraniegos; de apuntarnos, esta vez sí, a ese curso que llevamos posponiendo siglos porque nunca tenemos tiempo, aunque seguimos sin tener tiempo. De empezar a cuidarnos un poco más, porque queremos, simplemente, porque nos apetece.

Pero, sobre todo, septiembre es la oportunidad, no para ser la mejor versión de nosotras mismas, —¡por favor, qué estrés y qué presión!—, sino para andar con el paso más firme y decidido hacia esa versión imperfecta de nosotras con la que ya es hora de que nos reconciliemos. A la que le debemos más atención, la que necesita que le concedamos su espacio y función, que la dejemos ser feliz y opinar de una maldita vez.

Hola, septiembre. Hola, versión imperfecta. Hola, nueva oportunidad.

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